Viajar sola te cambia…

¡Hola! Ya de regreso en mi hermoso El Salvador, aka el shithole, en palabras de Mr. Cheeto… me he dado cuenta de cómo viajar y viajar sola te cambia.

Para muchos, viajar fuera de El Salvador quizás sea una regla o incluso una rutina. Para mi no.

Esta aventura la empecé el 20 de diciembre de 2017 cuando recibí la noticia que mi trabajo requería que viajara hacia los Estados Unidos. Y entonces, todo pasó demasiado rápido.

Entre ir a sacar la visa, preparar todo en mi oficina, las fiestas de diciembre, el reinicio de labores en Enero y una situación fuera de nuestro total control, todo fue caóticamente hermoso.

En octubre, cuando pasé por un pequeño percance sentimental, y después de lo de mi papá, recuerdo que un amigo que es como hermano para mi, me dijo: Kata, anda saca la visa. Es imposible que no te la den. Ándate de viaje. Despéjate. Lo necesitas. Y aunque parte de mi, o bueno, toda yo quería hacerle caso, algo dentro de mi me decía: No. No es tiempo. Paciencia.

Confieso que una de las cosas que tendía a hacer cuando las cosas se ponían difíciles era huir -o al menos tratar. Peep las cosas no se resuelven así. Al toro, por los cuernos. Siempre que trataba de huir en vez de encarar mis problemas, todo se complicaba más y me salía peor la cosa. Y así fue. Decidí confiar en el Señor y esperar en Su tiempo. Me dije a mi misma que cuando la oportunidad de viajar se diera, vendría de Él, y todo se daría sin complicaciones.

Adelantemos a Enero, y mi situación parecía un deja vu de ese Octubre. Podes conocer a alguien por algunos meses, no mas, pero cuando algo hace click, simplemente hace click. Y en mi caso, mi mente y mi corazón nunca pero nunca se ponen en de acuerdo. E igual, el mismo consejo. Ándate de viaje. Despéjate. Disfruta y no pienses en nadie más que en vos. La diferencia es que ahora sí pasaba. Casi.

Por una broma de la vida, el viaje, a última hora, casi y no pasa. Con vuelo y hotel reservado, todos los que íbamos estábamos en standby. Y me entristeció horrible. Solo yo sé porque quería y necesitaba tanto este viaje. Y es precisamente porque me ayudo a conocerme. Pero también me ayudó a re-confirmar quiénes están ahí para mi. Los incondicionales. Me ayudó a conocerlos a ellos.

Adelantemos otra vez a sábado 27 de enero, y allá voy.

En este viaje, no solo tuve la oportunidad de perder el miedo de viajar sola, de aventarme, de superar el stress de todos al decirme que mi conexión era demasiado corta y que probablemente no lo lograría. Tuve la oportunidad de volver reafirmar que si Dios va delante de vos: ni aunque te quites, ni aunque te pongas. No soy yo, no son mis amigos, no son las circunstancias, es Dios. Él siempre tuvo, tiene y tendrá el control de mi vida.

Y eso, precisamente, es lo que me enseñó a soltar. A dejar ir. Si algo pasó, es que crecí para bien. Cambie para bien.

Hay días en los que me siento tan cansada, siento que no puedo más. Y amo mi trabajo. Y ahora sé que este viaje, más que ser fruto de esto, es la posibilidad de más trabajo, más responsabilidad pero ver lo positivo de los resultados que presento y el orgullo en la cara de mis tres jefes al ver como nuestro cliente está de feliz, es una satisfacción que JAMÁS te dará el conformarte. Al final, siempre he dicho y practicado que hago las cosas no por ellos, sino por tener la satisfacción que siempre di el 110% de lo mejor de mi. Y que por eso, el beneficio es mío. No de ellos. Y eso me empuja.

Por último, me dio el entendimiento que la distancia no es impedimento para una amistad. Después de esperar año y medio para conocer a una hermana, mejor amiga que la vida me dio a través de mi trabajo, me di cuenta que siempre la he conocido, solo no la había visto en persona. Toda su familia me hizo sentir tan bienvenida, tan querida y tan amada, que es como si hubiese estado en casa. Cuando dos almas hacen click, simplemente hacen click.

Extrañé a mi familia, la comida, mis amigos. Fue un viaje lleno de experiencias, aprendizaje, aventuras y nuevas amistades. Mi corazón vino llenito de amor. Y lucharé porque así se quedé. Esto me enseñó a no dejar que nada ni nadie controle o tenga el poder de controlar mis emociones. De dejarlo ir. De confiar en Dios. De amar, vivir, comer y comprar como si fuese la última vez. Porque lo vivido y lo querido, nadie te lo quita ♥️

Gracias a los que estuvieron tan pendiente de mí durante este viaje. Me hicieron gozar la experiencia aun más con sus videollamadas, mensajes, chistes, y sus ¿como vas? Para asegurarme que no me perdí en el bus y que al visitar la estación de policía, no hubiera sido por mi rebeldía. No, Bob. No lo fue. Jajajaja. Quien iba a decir que este viaje iba a ser la aventura más pasivamente extrema que iba a vivir. Y gracias a ustedes por no aburrirse del Spam de mi viaje en mis InstaStories y todas sus recomendaciones 🙌🏻. Bien dicen que una vez probas el cielo, no volvéis a la tierra. Aunque contradiga a Arjona.

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2 comentarios en “Viajar sola te cambia…

  1. Hola Kata! Me encantó el artículo porque me sentí reconocida. Estoy viajando sola por primera vez y no tengo duda de que volveré como una persona renovada. Y, por supuesto, repetiré experiencia. Un saludo 😉

    • ¡Hola! Es lo mejor. Yo ya tengo mi segundo viaje sola planeando y te prometo que es lo máximo. Lo vas a disfrutar muchísimo. Es un buen tiempo para quererte a ti misma como se debe. Disfruta mucho!! ♥️

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