Amigos…

Una de las cosas que más me gusta de tener amigos cheros es la simplicidad con la que ven las cosas, pero una simplicidad lógica, no simplicidad que les vale.

Recientemente regresó a mi vida uno de ellos.

No fue fácil, recibirlo de regreso. Y para él tampoco fue fácil recibirme de regreso. Pero respeto su lucha por no dejarnos ir. Algo que me encanta de mis amistades es que siempre todo es mutuo. El amor, el cariño, las culpas, los éxitos, las lágrimas y risas.

Pero en lo que se va construyendo la confianza, hemos podido redescubrir diferente facetas el uno del otro. Es como, maduramos en algunos sentidos y no lo sabíamos y ahora lo estamos demostrando.

Esta semana salimos a cenar, y después de las risas que ya caracterizan nuestras salidas, venía el trancazo.

Verán, como les conté en la entrada anterior, en lo que va del año, la vida se me ha dado vuelta en piruetas y ruedas.

Con cada cosa que me pasa, me voy cuestionando más y más que es lo que quiero, hacia donde voy, con quien quiero estar, que quiero tener y en quien me quiero convertir.

Diferentes situaciones me están venciendo. Estoy entre lo que quiero y lo correcto. Con lo que me conformo y lo que sé que merezco. Lo que me dan y lo que doy. ¿Es malo ser tan egoísta? ¿Es malo exigir? ¿Es malo dar y esperar lo mismo?

Estas y más preguntas son las que me han atormentado últimamente.

A veces me dan ganas de gritar, llorar, ponerme la pijama y no salir de mi cama en una semana. Porque siento que no puedo más.

Tengo buenísimos amigos, los mejores. A los de verdad los puedo contar fácil con los 10 dedos de una mano… y son los que dejan TODO por mi porque saben que yo he dejado TODO por ellos… Saben como animarme, saben que algo está mal con un solo “Hola” o incluso al responder tarde un mensaje -ah, porque yo soy de las que no importando que tan ocupada este, respondo; por aquello que la vida se te puede ir o cambiar en un segundo. Pero con todo eso, cada relación viene con su propia forma, sus propios retos, sus propias gracias, sus propias ventajas, sus propias formas de desbaratarte y romperte. Pero también de construirte de regreso.

Algo que siempre he sido la primera en admitir es que soy egoísta. No me gusta compartir. Tengo el famoso síndrome de “Hija Unica” aunque no lo soy. Quizás eso es… este post es más para desahogarme porque al momento, a pesar que esa platica con este amigo fue un Shake up, todavía siento esa carga. Y aunque yo sé perfectamente qué es esa carga, no estoy lista para compartirla públicamente. Sé que está, y solo quisiera dejarla fluir como corriente destructora.

Al final, admiro eso de él y de mi “hermano”, ven las cosas tan simples, tan objetivas y sin complicaciones. No sin sentimientos, pero saben apartarlos por lo que es práctico.

¿Por qué no ser así? ¿Por qué quedarme? ¿Por qué conformarme donde me dan lo sencillo si yo doy el doble? Mis amigos cheros son más prácticos. Me traen de pencazo a la realidad.

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