Un testimonio muy personal

Hoy es un día feliz para mí.

En camino a un site visit el día de hoy, tratando de acordarme de diferentes cosas que tenía pendiente, y sabiendo que en julio se cumple un año ya en mi nuevo trabajo, me di cuenta de que justo HOY hace un año recibí una llamada que iba a cambiar mi vida.

Quizás, al leer esa última oración, digan, ¿qué de especial tiene eso? Pero no saben lo mucho que lo es. Hoy quiero contarles un poco de mi testimonio de vida. Punto y aparte es también que he sentido un poco el llamado de parte de Dios a contarles diferentes situaciones en mi vida – que en su momento les diré – con la esperanza que si alguien que me lee atraviesa por algo similar, tenga esperanza, tenga fe, vea luz, que siempre, SIEMPRE Dios tiene el control. Confiando en el propósito que Él tiene.

Durante tres años, allá por el 2012, a mi salida de un famoso call center en el cual trabajé, durante tres años también, mi vida se miraba un poco confusa. En todos los aspectos. Situaciones en las cuales me metí por necia, parecían halarme hacia lo más hondo y sabía que urgía hacer un cambio de actitud y de vida.

Para darles un poco de mi background, yo crecí en un ambiente cristiano donde mi mami siempre nos inculcó el amor a Dios por sobre todas las cosas, un hogar con reglas y responsabilidades, pero con bastante amor. Aun así, por alguna razón, quizás fue la rebeldía tardía, no lo sé, yo hacía el intento de confiar, orar y honrar a Dios – tal cual mi mami me lo había enseñado – y siempre terminaba haciendo todo lo contrarío. Su gracia inmerecida no deja de sorprenderme aún hoy.

Para todo el que ha sido expuesto al evangelio, sabes que la fe es algo que no ves, pero sabes que pasará: no sabes cómo va a pasar, cuando va a pasar, pero pasará. La fe es una de las cosas más difíciles de practicar. Y eso es lo que les voy a contar. Por eso éste GRAN background.

He tenido la enorme bendición que mis superiores inmediatos han sido más buena onda de lo que un alguien puede esperar. Yo no puedo quejarme de ninguno de ellos porque han sido lo máximo. Literal, ángeles prestados del cielo. Y casi todas han sido cheras. Hashtag Girlpower, Hashtag Blessed.

La cosa es que mi tiempo en el mentado call center ya había llegado a su límite. Había dado lo que podía, y era tiempo de emprender algo nuevo. Recuerdo que en ese momento me salió la oportunidad de trabajar como traductora. Y mi amiga y jefa en ese momento, me preguntó, “¿Katherine, está segura de que quiere irse? ¿Qué de bueno le va a salir de ese trabajo? ¡Es totalmente opuesto a lo ha estado haciendo acá!”, y yo me acuerdo qué le dije, “No sé con qué propósito me estoy yendo. Sólo sé que acá ya tope. Tengo que probar. Yo sé que Dios tiene el control.” Al momento, creo que lo decía más por costumbre que por creerlo en realidad. Pero Dios se dio a la tarea de demostrarme que Él sí está en control de TODO. Una vez, el papá de mi ex me dio un sabio consejo: Hija, cualquier oportunidad que te salga -media vez sea legal y correcta- tómala. Siempre es bueno aprender de todo en la vida. No sabes que puertas puede abrir.  Bajo ese consejo, me aventuré a un nuevo trabajo de traducción – cosa que solo había hecho como 2 veces en la vida, en cosas del colegio/iglesia. Siempre le estaré agradecida a Don Carlos por ese consejo.

Empecé en ese trabajo con la grata de sorpresa de que mi jefa inmediata iba a ser una chava que yo había trabajado en mismo ese call center, pero que no había podido conocer al fondo. Por cosas de la vida, ahora ella es una de mis amigas más cercadas. A pesar de estar a kilómetros de distancia, la confidencia siempre ésta. Y la amistad también.

A casi un año de estar en mi nuevo trabajo, feliz de conocer gente nueva; realizada por alcanzar límites que yo misma pensaba eran imposibles y aún, sobrepasarlos, una noticia dura me golpeo: El proyecto se terminaba abruptamente por algo que fuera del control de todo el team.

Ese día, todos en shock, me acuerdo de que fuimos a mi casa y nos comimos un bol lleno de pasta cada uno por la depresión de que estábamos sin trabajo. Muchos rehusamos a aceptar que muy probablemente nos tocará regresar un call center a tomar llamadas. Es un ambiente al cual, si ya alguna vez logras salir, no quieres regresar. Confieso que una de las cosas que más me dolía era perder esa familia que yo había encontrado ahí. Éramos tan unidos que realmente éramos como familia. Me complace decir que, sin adelantar más, la mayoría todavía lo somos.

Y aun desesperanzada, Dios nos mostró que es Él el que está en control.

Al regresar a esa oficina a finalizar todo y recoger nuestro último cheque, Dios nos abrió una oportunidad de la nada que no solo nos permitió seguir laborando, sino permanecer juntos apoyándonos. Pase en un total de 7 días sin trabajo. Pero aún dentro de esos 7, ya sabía que el nuevo trabajo era solo cuestión de esperar. De paciencia. Y que cuesta la paciencia.

Pero ya empezando esa nueva oportunidad, con el paso del tiempo, las cosas fueron deteriorándose a pesar de que nosotros, gracias a Dios, seguíamos unidos. Siempre he sido alguien que no le teme a la carga laboral. Soy casi que una adicta al trabajo. Pero cuando el ambiente se tensa y el trabajo llega a un punto que te afecta de una forma psicológica, es tiempo de hacer cambios.

Empecé a orar por un trabajo nuevo, algo que también me diera un poco más de apertura a nuevas cosas, a nuevos retos, a nuevo aprendizaje y poder crecer y realizarme más en otros aspectos.

Mi mami oró conmigo porque también vio la carga psicológica que mi otro trabajo conllevaba. Por razones de confidencialidad no puedo ahondar que tan pesado era ese trabajo. Pero sí, era yuca. Un día me acuerdo qué me levante de mi escritorio con ganas de llorar de lo frustrada que estaba.

Y en eso… Dios respondió casi inmediatamente. Pase por un proceso de casi 4 semanas.

Hace exactamente recibí esa llamada que cambiaba la vida. Una nueva oportunidad donde he crecido tanto. Donde mi jefa es ¡LO MÁXIMO! He encontrado jefes maravillosos, he conocido gente que me ha enseñado mucho y me ha dado oportunidad de crecer con humana y aportar un poquito a ser una sociedad mejor.

Entonces, AL FINAL, lo que te quiero decir es que, aunque todo parezca el fin, que no sepas para donde agarrar, que va a pasar next, por qué esto te está pasando a ti… la fe y la oración son las que te van a sostener. Cuesta un montón tener fe… pero en mi caso, la fe vino a través de la oración. Y no es que pasaba orando 15 minutos, media hora. Algo ya chiquito como, “Dios, que se haga tu voluntad sobre mi vida. Obra sobre ella.” Es suficiente. Ahora estoy convencida que pase lo que pase, Dios nunca ha dejado de cuidar de mí, y nunca lo hará. Y sé que contigo – tú, que lees esto – será igual, porque somos hijos e hijas amadas del Padre más amoroso que hay.

Espero que no les haya parecido muy largo este post (aunque lo fue), si lo leíste hasta el final, te agradezco mil. Quiero que sepas que Dios te ama y está trabajando en tu vida de una forma que ni te imaginas.

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